La caja

Jenifer Arango

Cuando cerró la caja, también cerró su sonrisa, me dijeron. Nadie  había visto las miradas del viejo, ni siquiera él mismo. Volverlo a ver era como reconstruir a un hombre que ya nadie conocía y escarbar en sus ojos el recuerdo o el olvido  de la abuela y de él mismo. Quise devolverme. Caminé por el pasillo recordando sus gestos,  dudé si el hecho de encontrarlo entre las cuatro paredes donde se había encerrado voluntariamente, esperando un regreso, tenía que ver  conmigo. La puerta estaba entreabierta. Nadie se atrevía a tocarla y mucho menos a entrar, no respondía, ni siquiera miraba a quienes le llevaban la comida.

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Published in: on julio 19, 2012 at 11:49 pm  Dejar un comentario  
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Euroclidom

Alex Campos

“…El miedo herrumbra las áncoras.” Julio Cortázar

                   Sara consideró tiempo atrás la posibilidad de escapar, cerró la puerta de la cabaña y caminó despacio hasta la mecedora. Ahora se balancea sobre la silla acariciando su vientre de casi nueve meses: – Aún no he decidido tu nombre, cariño – dice alzando lentamente la mirada – ¿Qué tal, Philip

                 A las cinco treinta de un amanecer de Septiembre, Philip Thome se levantará de su cama, abofeteará una mejilla de su esposa, la izquierda, para variar. Tomará una taza ardiente de café luego de bañarse y observará los titulares del noticiero. Mary terminará de planchar. – It´s pretty – exclamará Philip, acariciándole el pómulo amoratado, mientras agarra la camisa blanca con la que irá a trabajar.  (más…)

Published in: on julio 18, 2012 at 11:59 pm  Dejar un comentario  
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Telarañas

Alexander Campos

Un diamantino halo se introduce como un milagro en la habitación a oscuras. Su resplandor devela las radiantes baldosas conectadas entre sí por gruesas capas de musgo. La cocina, que limpié anoche, llena de inmundos vahos, solo me ofrece un café  con olor a bosque, que dejo para más tarde. (más…)

Published in: on junio 28, 2012 at 12:08 am  Dejar un comentario  
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Autito amado

María Eugenia de Aparicio

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 Domingo por la mañana, Abelardo con la camiseta del equipo amado escucha el partido de futbol, se toma la pocholita  mientras policha su escarabajo. Con balletilla saca brillo de lo  más escondido del autito, se siente orgulloso. Está quedando como nuevo, y de repente el pulso se le acelera, ya no sonríe y un grito estremece el vecindario. (más…)

Published in: on junio 8, 2012 at 11:00 pm  Dejar un comentario  
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El amor es un manjar

María Eugenia de Aparicio

Telescopio se desliza en las aguas del acuario. De vez en cuando se detiene y  mueve los labios. Pegada a la pecera la cucaracha contempla  esa  maravilla dorada  de ojos saltones y cola en abanico. El pez gira y abre los ojos aún más, ladea su cuerpo y sus labios acarician el vidrio,  la cucaracha se descontrola y resbala al ver  los ojos desorbitados del amor. Sube despacio, sin soltar los labios del pez, en medio de miradas y aleteos insinuantes.  Telescopio la sigue ansioso hasta el borde de la pecera, se miran, ella siente los labios de él en sus  antenas. Respiran hondo,  mueven  las alas y la cola con rapidez y sus cuerpos se hinchan de deseo. Él abre su su gran boca mientras el pez Beta le dice:

–  Pruébalas –  las cucarachas enamoradas son un manjar.

Published in: on junio 8, 2012 at 10:48 pm  Dejar un comentario  
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Y se despojó de sus braguitas de seda

María Eugenia de Aparicio

Inquietas retozaban en el parque. Sus braguitas se les veían, según el lugar en donde se hiciese el tío que las acompañaba. Sus risas resonaban mientras se movían al vaivén del columpio. Eran inmensamente huérfanas, de no haber sido por el tío Hugo, un joven hermano del padre, seguramente habrían ido a parar a un orfanato. (más…)

Published in: on junio 1, 2012 at 10:16 pm  Dejar un comentario  
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Dos días

Leonardo Arias

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 Dos días, leyó. Dejó la carta sobre la mesa y le sonrió. Tenía el cabello negro suelto, largo. Un vestido ajustado, un tanto revelador. Sólo estaban ellos en el bar. El cantinero estaba recostado en la barra que se retorcía como una culebra. Los miraba de reojo mientras sintonizaba la emisora donde pasaban el especial de boleros. (más…)

Published in: on marzo 6, 2012 at 5:43 pm  Comments (1)  

Repollo

Leonardo Arias

¡Agarren a ese hijo de puta, no se nos puede escapar!

Sentía el aire quemándole el pecho. Sus piernas temblaban con cada zancada, pero no podía detenerse. Aunque no los veía, podía sentir el rumor de sus pisadas. Pensaba en ella. No quiso huir. Sí tan sólo le hubiera insistido. Ya no importa. Dobló una calle y luego otra. Su carrera se había convertido en una caminata torpe. Se recostó en una pared. Le faltaba el aire. No podía más. La  calle será su tumba. (más…)

Published in: on marzo 6, 2012 at 5:39 pm  Dejar un comentario  
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En el Gólgota

                                                                                                                                                                                                                       María Eugenia de Aparicio

El vendaval hace crujir las cruces de madera clavadas en la cima del monte. Los verdugos ríen, las mujeres lloran alrededor de los tres hombres condenados a la vergüenza y  humillación. No cesa de llover, truena y la tormenta arrastra el viento. Uno de los crucificados siente que algo roza su cara, la agonía le impide levantar el rostro. Una cucaracha se posa sobre la cabeza del moribundo, trata de abrir las alas queriendo volar, pero una espina  la atraviesa. “Tengo sed”. La cucaracha lo mira con tristeza y herida baja por la mejilla, llega a su  boca, se sacude con dolor  las gotas de agua adheridas en  sus alas  que mojan los labios del agonizante. Él sonríe por última vez y  le dice:  En verdad, en verdad os digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso

Published in: on enero 30, 2012 at 5:08 pm  Dejar un comentario  
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Tristeza de la mujer que espera

Mariela Ibarra

Por una palabra traviesa o una sonrisa coqueta la mujer espera. La alfombra ha perdido su acolchado en la zona alrededor de la mesa del teléfono. Revisa si tiene tono y cuelga con la oreja prendida de él. Observa por la ventana los girasoles muertos en el balcón, su brazo se cae y un aroma etílico inunda la habitación, mira la copa aún asida a la mano inerte, cerca a los hielos condenados a morir en la alfombra, suspira entre un ronquido que le sale por la tráquea a medio desprender. (más…)

Published in: on enero 29, 2012 at 11:56 pm  Dejar un comentario  
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