Mañana sale en la prensa

Oskar Deskance

Hace un par de meses recibí las fotografías del cadáver de Nicolás. Laurita me contó que las viste y que te pusiste muy mal. Te entiendo. La mañana en que las vi me agarró un temblor en las manos, sentía como si tuviera la garganta llena de arena. Supe entonces qué era la muerte. (más…)

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Published in: on julio 20, 2012 at 10:03 pm  Dejar un comentario  
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Noche de servicio

Leonardo Arias

Al despertarse sintió la comezón de la alfombra en su vientre. Le dolía mucho el arco supra-ciliar del ojo izquierdo. Estaba mareada. Apestaba a sudor,  sexo,  orines y sangre. Estaba más golpeada que de costumbre.

Se tomó un tiempo antes de ponerse en pie. La alcoba le giraba. Recogió la pistola de dotación con el silenciador puesto. Trastabillando llegó hasta el baño. Encendió la luz. Se revisó la cara en el espejo. Se enjuagó, buscó un analgésico en el botiquín y lo pasó con agua del grifo. (más…)

Published in: on julio 20, 2012 at 9:28 pm  Dejar un comentario  
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Café de aniversario

Leonardo Arias

Al fin dormida. Él se desliza bajo las cobijas sin hacer ruido. Le rodea el cuello y con ambas manos en tenaza aprieta. Patalea, rasguña, grita y muere asfixiada por la presión de una almohada en la cara. No es que sea un hombre malo. Los hombres malos no ríen. Pero el codo de Esther en su vientre acabó con su risa. ¡Bernardo son las seis! Forma de despertarlo un domingo.

Se sienta en el borde de la cama. Bosteza, se rasca la cabeza, busca las pantuflas, mira a Esther, se levanta y sale de la alcoba. Tiene cuarenta y dos años, regordete, medio calvo, de baja estatura y lentes, un ser asquerosamente inofensivo. Tanto que lleva quince años de matrimonio con Esther. La conoció en el bufete de abogados. Hoy es su aniversario de bodas. (más…)

Published in: on julio 20, 2012 at 9:16 pm  Dejar un comentario  
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Fiesta privada

                                                                             Ricardo Delgado

Entró modelando por sobre el suelo de polvo rojo, adornado con los cráteres que dibujó el tiempo. Buscó la figura que le devolvería el éxtasis, la entrada al cielo. El ventilador de aspas largas, que alguna vez fueron blancas, giraba con cansancio. La canción hablaba de unos tipos de un carro que llevaba las llantas repletas de marihuana. Las sillas de metal le recordaron las batallas de lucha libre en la tele, donde el Vengador doblaba una y la dejaba caer sobre la espalda del Enmascarado. Vio el muñequito negro, crucificado en la madera con un chinche, y el mensaje que habría enorgullecido a algún gracioso: “El Orinoco”, como si no fuera suficiente con el aroma dulce y agrio de los orinales. Se sentó y descargó todas las penas que torturaban su estómago. Vio el paraíso en el cubículo garabateado, vio la entrada al infierno en el dispensador sin papel. (más…)

Published in: on enero 10, 2012 at 5:13 am  Dejar un comentario  
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