Cotidiano

Por: Mariela Ibarra         

 Se arrancó la cobija de golpe y dejó que el frío brusco le sacudiera la modorra. Aún estaba oscuro, el reloj le advirtió que era hora de despertarse. Encendió la radio en la misma estación de todas las mañanas, hablaba un locutor con voz áspera. Su esposa le dio la espalda y se cubrió la cara con la sábana para esconder el rechazo. Él se puso de pié y arrastrando sus pasos entre las chanclas de caucho produjo un eco de hojas secas. Abrió la cortina, bostezó y atravesó la pared.

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Published in: on junio 6, 2011 at 2:51 am  Comments (1)