Días de gloria

Angélica Orozco

Un súper héroe puede subir y bajar a la velocidad de la luz. El que alguna vez fue el hombre más poderoso del mundo, asesor de presidentes, amigo de todos, más popular que los Beatles y el mismo Jesucristo, hoy es apenas un anciano que recorre las calles de la soleada Miami en un modesto carro compacto. El hombre de acero está oxidado.

Tenía todo el encanto de los rudos para seducir mujeres, si yo fuera mujer también se lo hubiera dado  y hubiera subido la foto a Face. Luisa Lane, una afortunada periodista lo atrapó y le espantó cuanta mosca se le acercaba. Ese sueño se acabó el día que Luisa murió víctima de una guerra de pandillas en NY que él hubiera podido evitar. Entró en una profunda depresión que intentó llenar con litros de Jack Daniels, se alejó del mundo a recordar sus épocas pasadas. No era tan perfecto como creí.

Atrás quedaron los tiempos en  los que sus músculos y abdomen de lavadero desfilaban en las noticias policiales enfundado en un diminuto traje de látex que lo convirtieron en un sex symbol  gay. Hoy tiene una panza de cervecero alemán, escasa cabellera blanca y camina con bastón. Espero que no le dé por hacer lo mismo que Terminator que se pasea en tanga exhibiendo su desproporcionado abdomen por las playas de Malibú, ya sabemos porque su esposa le dijo hasta la vista baby.

Ese traje de látex, le daba una apariencia de travesti borracho, totalmente forrado, calzoncillos por encima del pantalón, botas y capa roja, mínimo le llegaba a Luisa con un pollo de KFC en las madrugadas a darle serenata con Batman y Robin.

De haber adivinado cómo sería su vejez se hubiera tomado un coctel de kriptonita. Su lucha contra esta sustancia le hizo ganar fama internacional, fanáticos, dinero, poder y una arterioesclerosis múltiple, alopecia, problemas de próstata, alzheimer y una incontinencia vergonzosa que lo obliga a usar pañales para adultos. Lex Luthor debe estarse fumando un habano desde el más allá.

Pero aún así, el octogenario se niega a aceptar que le pasó su cuarto de hora. Estamos en una época en la que los súper héroes son sofisticados, usan láser y no lycras, tecnología digital, robots. Él ni siquiera sabe manejar un portátil o un iphone.

Alguna vez Nixon le propuso enviarlo a Rusia para negociar armas atómicas, el se negó y fue acusado de comunista y de espionaje. El  tío Sam y la DEA pueden ser los peores archi enemigos de cualquiera. Como consecuencia del desafortunado incidente nuestro hombre de acero renunció a su ciudadanía americana y quiso refugiarse en Cuba. Supermán en Cuba?, imaginárselo en guayabera, bermudas y chanclas caminando por la playa tomándose un mojito es como ver a Fidel comiendo Mc Donalds con diet coke.

Un día caminando por su barrio en Miami, unos jóvenes casi lo atropellan con su auto, él reaccionó furioso y los retó. – ¿No saben con quién se están metiendo? Yo soy Supermán – les gritó mientras sacaba pecho y los amenazaba con su bastón. Pobre, pensaron que era un viejo con demencia senil y siguieron su camino.

Al menos conserva algo de su dignidad, le dijo no al mercado plástico de Hollywood, que prometía convertirlo en un muñeco de cera en unas horas, prefirió envejecer tranquilamente. ¿Quién diablos quiere a un súper héroe viejo? ¿Dónde quedó mi héroe de infancia? Yo hubiera dado la vida por ese man, la cantidad de mujeres que habría ligado, fama y fortuna, poder sin límites. Que me devuelvan la plata que invertí en ese disfraz de halloween.

Todavía sigue recibiendo trato de estrella, el portero le abre espacio entre la multitud para llevarlo en una silla de ruedas hasta el consultorio, donde un grupo de fanáticas lo esperan para aplicarle inyecciones, medirle la presión y cambiarle la sonda, chequear sus signos vitales, si es que aún tiene y repartir autógrafos en los vales médicos. No se puede quejar que no lo quieren.

Para evitarles más desilusiones, no les voy a decir el sitio exacto donde vive ni la clínica a la que asiste, sigan recordándolo joven y apuesto. Suficiente desgracia tiene, para que venga  una nube de paparazis a fastidiarle la vida. El ya luchó por la justicia, ahora le toca hacerlo por su propia vida. Que muera tranquilo

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Published in: on agosto 2, 2012 at 12:45 am  Dejar un comentario  
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