Una mentira para Micaela

María Eugenia de Aparicio 

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 Bajé despacio la escalinata del avión, esperaba ver los brazos levantados de mis padres y de Pastora. La emoción me confundió, movía las manos saludando a desconocidos que se asomaban de reojo por el ventanal del corredor. No vi a mi familia y mi sonrisa terminó en un gesto de intranquilidad, recorrí el pasillo con una sensación extraña en el pecho.  Las maletas pasaron frente a mí muchas veces, con ansiedad apreté el gato de peluche que le llevaba a Jesús.

– ¿Es usted Elba del Castillo?

Supe que algo había pasado, llevé las manos al rostro y comencé a llorar.  (más…)

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Published in: on octubre 4, 2012 at 4:04 pm  Dejar un comentario  
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