Una mentira para Micaela

María Eugenia de Aparicio 

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 Bajé despacio la escalinata del avión, esperaba ver los brazos levantados de mis padres y de Pastora. La emoción me confundió, movía las manos saludando a desconocidos que se asomaban de reojo por el ventanal del corredor. No vi a mi familia y mi sonrisa terminó en un gesto de intranquilidad, recorrí el pasillo con una sensación extraña en el pecho.  Las maletas pasaron frente a mí muchas veces, con ansiedad apreté el gato de peluche que le llevaba a Jesús.

– ¿Es usted Elba del Castillo?

Supe que algo había pasado, llevé las manos al rostro y comencé a llorar. 

Micaela me esperaba en la entrada de la casa, no tuve valor para hablarle, se acercó y me abrazó con tanta fuerza que sólo en ese momento pude llorar y gritar. Jesús pegado a las piernas de la abuela lloraba sin entender, lo alcé  y le entregué el peluche, diciendo en voz baja.

– Jamás te voy a abandonar.

Micaela no envejecía, después de tantos años seguía siendo la misma Nana, una mujer robusta de tez bastante oscura y transparente por dentro, como decía ella. Inundaba la casa de alegría con estruendosas carcajadas, alegría que llevaba también a los guisos, – son los mejores – le repetía a diario, en Europa no probé ningún platillo como los tuyos, Nana. Ella se esponjaba con orgullo y me decía: usté es una embustera seño, allá debió comé manjares y salía moviendo las enormes caderas al compás de alguna estrofa.

Desperté a la madrugada gritando, Micaela me tocó la frente y me abrazó.

No pasa nada seño, fue un mal sueño.

– Si no hubiera adelantado el vuelo ellos estarían vivos Nana.

– No se lamente más seño, esas son cosas del Altísimo, pruebas que nos manda, deje ya el pasao, deje a la muerte seguir su camino.

– No Nana, fueron cosas mías por querer llegar a casa antes de la  fecha.

– No diga más seño, etamos los tre y Jesú ha sido como un hijo pa´ usté. Sabe, yo también he tenido malos sueños, soñé con lobos. Yo etaba en lo alto de un cerro y veía cómo los desollaban vivos, me  impresionaban los chillidos ¿Qué será seño?

– Mínimo te ganas la lotería.

La Nana no rió, hizo el mismo gesto que antes de morir su hija.

-Jesú se va prestar el servicio militá, yo creo que allá va´star bien, no le faltará la comida ni el etudio, mejor que se lo lleven pa´que aprenda a ser hombre, falta que le ha hecho no tener padres, le dije que le escribiera a  la seño por ese aparato para que usté me lea lo que me mande decir él.

Micaela se sentaba junto a mí frente al computador, gozaba viendo a Jesús metido en el uniforme cargando la escopeta, lloraba cuando le contaba historias  tristes de los compañeros, reía con los chistes que le hacía y reía aún más cuando le decía que ya había enviado el giro del mes para que se comprara ropa y zapatos bonitos como los de la seño. Micaela guardaba en un cofre el dinero, no gastaba un centavo, decía que era para celebrar, cuando su nieto fuera General.

Jesús dijo (9:35):

Abue voy a estar ausente un tiempo, no te preocupes  voy a una misión importante, quien sabe a lo mejor con esto ya me vuelven General jajajaja

Elba dijo (9:48):

A tu Abue no le gustó de a mucho tu ausencia, dice que te cuides, que te estará esperando para verte con el uniforme de General y que te quiere mucho.

Jesús dijo (9:52):

yo también las quiero muchote TQM TQM TQM!!!!!

Estoy preocupada por Jesús, lleva varias semanas sin escribir y Micaela me tiene pegada del techo preguntado por él.

– ¿Ya escribió mi Jesú, seño? –

–  Me siento indispuesta Nana, mañana leo el correo.

No pude contestarle, le pedí un café bien cargado y lloré toda la noche. La muerte volvió a tocarnos, no  le bastó con llevarse a mis padres y a Pastora, ahora las ilusiones de la Nana.

Jesús dijo (12:15):

Abuela hoy estoy en un pueblo cerca al mar, ya ni te debes acordar de cómo es la brisa cierto? los compañeros se burlan de mí por la tanga q me enviaste, me dicen q es narizona, sé q te estás riendo abue, la próxima vez mándame una pantaloneta larga Suarez te manda decir q las cocadas q le enviste fueron a parar a la boca de todos menos de él q le debes otro tarro. Abue TQM.

Micaela reía y limpiaba las lágrimas con la punta del delantal, yo bajaba la cabeza y me hundía en el teclado.

– Seño ¿adónde está Jesú hoy?  Adónde le mando las cocadas y  la pantaloneta? Pregúntele si necesita algo más.

– Ven, acércate Nana, mira este mensaje que me envió hoy, trae foto ¿ves esta enfermera?  Le gusta a tu nieto y quiere saber si estás de acuerdo.

¿Que sí me guta? ¿Que si etoy de acuerdo? Es una princesa seño, dígale que no se demore, puede habé otros detrá de ella.

Micaela miró el estudio y suspiró, no había cambiado nada en años, la biblioteca en madera de cedro lucía impecable, ella se había esmerado en mantenerla así como mi padre hubiera querido verla. Las cortinas eran las mismas, blancas con flores bordadas, almidonadas como le gustaba a mi madre. Micaela se esmeraba en limpiar la lámpara Tiffanys que mandé para una navidad y abría sus grandes ojos tratando de leer un libro en un idioma que no entendía. El escritorio era grande, tan grande que ella se sentaba junto a mí y había espacio para otro asiento. Siempre le gustó el escritorio, madera oscura con muchos cajones y patas gruesas, pensaba que se parecían a las de ella y sonreía metida en sus pensamientos. Me miraba con cariño no como una buena patrona, sino como la hija que había perdido.

– Nana, Jesús pregunta si es mejor un gato o un perro?

– Él sabe qu´el perro es más fiel, acaso no recuerda a Ecó?

– ¿Que si ya lo olvidó? porque  el perrito sí supira por él, el gato no se deja acariciá, es solapao, que si no se acuerda del gato negro que le arañó la cara.

Yo escribía todo lo que a Micaela se le ocurría y reíamos juntas recordando la infancia de Jesús.

– Micaela ven, rápido, apúrate, Jesús te tiene noticias.

Jesús dijo (5:21):

Abue, la otra semana Luz y yo nos casamos,  me hubiera gustado q la seño y tú estuvieran aquí pero es muy lejos, estamos en medio de la selva  si quieres venir, me avisas para decirle al batallón, puede ser peligroso para ustedes. El capellán nos está haciendo el curso, estamos felices, Suárez y Gordillo van a ser los padrinos.

– Seño dígale que esta vieja ya no se puede mover mucho, ni modo de hacer un viaje tan largo, escríbale que entre el tarro de galletas le mando bendiciones y  que lo estaré esperando con su uniforme de General.

El asiento rechinaba con las carcajadas y  los aplausos que mi hermosa negra hacía cada vez que veía una foto de Jesús.

– ¿Qué dice mi Jesú, seño?

– Lo trasladan a un país muy lejano Nana.

– No importa, dígale que no se preocupe por mí, está con su familia y eso me hace felí pero que por nada deje de escribirme.

La risa estruendosa de Micaela invadió el cuarto contagiándome, yo seguía buscando por internet paisajes, pueblos, rostros para seguir con el juego.

Micaela perdió las fuerzas más no la esperanza de ver al nieto vestido de General, su enorme trasero ya no hacía rechinar el asiento, estaba delgada, sus ojos habían perdido el brillo, las manos se movían a un ritmo acelerado, sin control. Yo la ayudaba en su baño diario, la vestía y  le ponía los zapatos, así como lo hizo conmigo. La miré con tristeza, no quiso levantarse y me pidió  el cofre donde guardaba el dinero.

– Ya casi es General, seño, abra el cofre, tengo que sacá los ahorros para hacele una gran fiesta, tengo que comprá un vestido y unos zapatos bonitos como los suyos, seño, prepararle el fiambre que tanto le guta a mi niño, quiero seguí con las clases de inglé pa´ que los bijnietos me entiendan, no ve que sólo sé decir: ai lovju.

– No llore más, seño, me voy felí de haberla acompañao, tome ese dinero y gástelo en usté,  yo también sé mentir por amor.

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Published in: on octubre 4, 2012 at 4:04 pm  Dejar un comentario  
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